¿Pureza en la fotografía?

 

/galería de mi trabajo fotográfico en http://titodelpielago.wordpress.com/

 

Recordando qué es la fotografía
La fotografía es una técnica gráfica que echa mano de un dispositivo (usualmente denominado “cámara”) para obtener una imagen de un objeto a partir de la luz que refleja este; la imagen así obtenida puede ser impresa sobre un medio, usualmente, laminado. Las variantes que abarcan cada una de estas técnicas son bastante amplias.

 
La fotografía supone el uso de un dispositivo que en lo fundamental es una cámara o recámara consistente, las más de las veces, en una especie de paralelepípedo sellado a la luz; este posee una abertura a través de la cual se recogen los haces de luz irradiados por un objeto equis hacia el cual fue dirigida (enfocada) la cámara. Este haz proyecta una imagen o representación del objeto fotografiado sobre una superficie albergada, usualmente, dentro de la mencionada cámara; esta imagen, a su vez, puede ser fijada (a través de diversos mecanismos) en otra superficie laminada fuera de la cámara o extraíble.

 

 

Aplicaciones
Gracias a la técnica fotográfica, pues, se puede crear representaciones de objetos; tales representaciones pueden tener diversos fines. Podríamos ilustrar el manual de algún aparato o ilustrar la guía de un proceso equis; también, podríamos promover un producto o podríamos pretender “hacer arte”, etc., etc.

 
La fotografía es comparable a muchas otras técnicas utilizadas para obtener una imagen de un objeto. Entonces, el dibujo también es una técnica gráfica, o la xilografía o la pintura o el grabado, etc., etc.

 

 

Las equivocadas expectativas

Dada la posibilidad de recoger una gran cantidad de detalles gracias a la fotografía, se adoptó rápida e impresionistamente la idea de que la fotografía era “objetiva”.

 
Sin embargo, ello no es así. La imagen recogida o sea la fotografía (el resultado de aplicar la técnica fotográfica) no es exactamente “objetiva”.

 

 

El dispositivo (la máquina fotográfica) utilizado para obtener una fotografía siempre supone alteraciones, en menor o mayor medida, respecto al objeto fotografiado. Al mismo tiempo, el proceso de fijación de la imagen en un medio o soporte equis (típicamente en algún tipo de papel) también introduce modificaciones si se compara la imagen con el objeto fotografiado en sí. En las dos instancias mencionadas (la cámara y el proceso fuera de la cámara), hay cierto margen para que quien realiza la fotografía tome decisiones; otros aspectos o condiciones de la cámara o del proceso fuera de ella no suelen ser manejables por el usuario.

 
En resumen, es un hecho que la foto de un objeto X no es el objeto X. La fotografía de un objeto X, al igual que cualquier otra técnica gráfica, es un producto que supone siempre la introducción de una perspectiva a través de las posibilidades y limitaciones que el proceso fotográfico plantea.

 

 
Los honestos pretenciosos
Pese a esta evidencia, con enorme frecuencia se habla de que ciertas técnicas o recursos fotográficos son más “sinceros” u “honestos” que otros. La verdad es que cualquier fotografía necesariamente altera en alguna medida la realidad.

 
Se habla por ejemplo de que en formato de 35mm o full frame (FF), un lente de distancia focal de 50mm (otros dicen que 60mm) es el lente “honesto”, porque se acerca a “lo que ve el ojo humano”. No es cierto. Ese lente introduce tantas variantes como cualquier otro… Sí sucede que el ángulo de visión de esa distancia focal es menos proclive a deformaciones que otras. Sin embargo, basta que la cámara se acerque o se distancie del objeto para que surjan distorsiones o mayores diferencias entre la imagen y el objeto “real”.

 
El recurrido desenfoque o bokeh es un extendidísimo recurso que distorsiona obviamente la realidad. El ojo humano lo ve todo enfocado, no se centra en un elemento y desenfoca lo que lo rodea… El mundo no está pintado en grises; sin embargo, son infinitas las imágenes que eliminan los colores. Son estos otros medios obvios que alteran “la realidad” al ser fotografiada.

 
Si nos situamos en la fotografía con película tantas veces coronada con las flores de la pureza, hallaremos más de lo ya dicho. En efecto, en el laboratorio de revelado se suceden igualmente diversas “alteraciones”. Todo el proceso químico es ocasión para decisiones de autor; es decir, el fotógrafo decide cómo quiere (según su punto de vista) que se vea la imagen o foto o fotografía que registró con la cámara. La capacidad de la película y el papel para registrar una “realidad objetiva” permiten obtener “una traducción” y no una copia del objeto fotografiado.

 

 

En suma, no es posible ser “objetivo” al tomar una foto. Reducir o atenuar lo “subjetivo” es una tarea muy difícil o incluso innecesaria. Los acentos son colocados según lo que requiera la aplicación que se pretenda darle a la imagen.

 

 

La fotografía no tiene el deber de “registrar la realidad”… Y tampoco es capaz de hacerlo dadas las ya mencionadas limitaciones.

 

 

El público impresionista

Es un lugar común que la gente crea que la fotografía digital consiste en apretar unos botones y “aplicar” algún software para “mejorar” la imagen.

 
Nada más falso; esa creencia delata una perspectiva impresionista sobre el asunto. No hay por qué sentirse culpable: los medios y muchos comunicadores o divulgadores han propagado esa visión.

 
La fotografía digital es solo una técnica fotográfica más (con ene variantes). Hay quienes la aplican bien o muy bien; los hay quienes no consiguen nada especialmente valioso. Sobre este punto vale también aclarar que la miríada de imágenes que saturan los sitios de internet sugiere que tomar buenas fotos es lo más fácil del mundo, puesto que “todos” o muchísimas personas pueden lograr pasmosas fotos.

 
El asunto pasa por comprender qué podría entenderse por “una buena foto” o “quién es un buen fotógrafo”. Eso lo veré en un post venidero.

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